Según datos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, el consumo de ansiolíticos en España se situó en 57.64 dosis diarias por cada 1000 habitantes en 2020. Estos datos nos sitúan como el segundo país europeo que más ansiolíticos consume (OECD, 2020). Antes de la pandemia ya se observaba un consumo muy alto de este tipo de fármacos en la población española. Un ejemplo: el lorazepam —uno de los principios activos que pertenecen a este grupo— ya se encontraba en el séptimo puesto entre los medicamentos que más se habían vendido en España en el año 2017.

La última Encuesta Nacional de Salud, realizada en 2017, ya revelaba que el 12,48% de los mayores de 15 años consume tranquilizantes, un porcentaje que sube hasta el 30% en el caso de las personas mayores jubiladas, al 42% en las incapacitadas para trabajar y al 24% en las que se dedican únicamente a las tareas del hogar. Los datos apuntan a la existencia de un gradiente social en el consumo de ansiolíticos, lo que equivale a decir que una situación socio-económica precaria es un factor de riesgo para ser consumidor de ansiolíticos. Existe también una un sesgo de género en el consumo, siendo las mujeres mayores consumidoras que los hombres en un porcentaje de más del 30%.

Otro problema relacionado con las benzodiacepinas (ansiolíticos) es la excesiva duración de los tratamientos y las altas dosis utilizadas. Según indicaciones de las fichas técnicas de estos fármacos, la duración del tratamiento no debe superar las 2 a 4 semanas en casos de insomnio y las 8 a 12 semanas en casos de ansiedad , incluyendo en ambos la retirada gradual del mismo. Aunque según las últimas recomendaciones de guías de referencia y Comités de Seguridad no deberían superarse las 2 y 4 semanas en ambos casos (incluyendo también la retirada gradual). Sabemos que esto no ocurre así en la mayoría de los casos. Según un estudio del Servicio Canario de la Salud del año 2016 el 97,2% de los pacientes tienen pautado el tratamiento con ansiolíticos como indefinido y la mayoría de las personas se encuentran con problemas para interrumpir su consumo debido a los efectos de abstinencia que produce la discontinuación abrupta y las resistencias de los prescriptores a acompañar la retirada de los tratamientos.

Por estos motivos, las guías sobre cómo retirar los ansiolíticos con seguridad, a veces escasas y no muy fáciles de encontrar, resultan de gran utilidad.

En el año 2002, se tradujo al castellano la guía de la Dra. Heather Ashton, especialista en psicofarmacología clínica, profesora de la Universidad de Newcastle. El «Manual Ashton» es fruto de la experiencia de su autora en un proyecto que impulsó dedicado exclusivamente a la atención de la adicción a ansiolíticos. Su método, basado en el descenso gradual y lento de las dosis, ha sido, desde su publicación en 1999, referencia para las guías de práctica clínica de muchos países. Ha sido traducida a más de 11 idiomas y se encuentra actualizada y disponible para descargar de forma gratuita en este enlace: MANUAL ASHTON